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“The Folks Who Live on the Hill”, Joshua Redman, Walking Shadows, 2013.

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Escucho la versión instrumental de Joshua Redman antes de descubrir que se trata de un clásico de Jerome Kern y Oscar Hammerstein. El hermoso título y el espléndido arreglo de Dan Coleman, a cargo de la sección de cuerdas, despiertan la imaginación: ¿Quiénes son los que viven en la colina? ¿Será un matrimonio joven o viejo? ¿Cuántos hijos tendrán? Me figuro la casa y pienso en un famoso cuadro de Andrew Wyeth: una joven está echada sobre un pasto y contempla en la distancia un caserón de madera. Busco la pintura en Google y admiro su desnuda belleza, esa sencillez provinciana que define a gran parte del arte americano. Pero el lienzo de Wyeth, Cristina’s World, no se aviene con la interpretación que escucho. Allí solo parece oírse el sonido del viento, el tañido de un banjo o una mandolina. La casa en la versión de Redman es mucho más sólida y está rodeada de arboles: magnolias, cedros, sicómoros. El sonido de las cuerdas se desliza por las cortezas moteadas y serpentea por una rama de donde cuelga un neumático. Como una steadicam, el saxofón de Redman nos introduce en la casa y nos conduce por sus estancias despejadas, entre muebles que exhalan el sabor amargo del cedro recién cortado. Imagino una consola que contiene varios best-sellers de la época: Gone with the Wind (Mitchel), The Citadel (Cronin), algo de Maugham y Lin Yutang. Imagino que es sábado y que la señora de la casa ha pasado la mañana preparando un pastel de frambuesas. Recuerdo a Lezama: “Hacer un dulce era llevar la casa a la suprema esencia”. Escuchar la ejecución de Redman es habitar esa casa que parece construida en una colina en el cielo.

“The Folks Who Live on the Hill” fue concebida por Kern (música) y Hammerstein (letra) para Wide, High, and Handsome, una película de 1937. Los protagónicos estaban a cargo de Irene Dunne (Sally) y Randolph Scott (Peter). En la cinta Sally interpreta la canción el mismo día de su casamiento con Peter, después que éste la conduce hasta la colina y le promete que allí construirá la casa donde serán felices por el resto de sus días. No creo que exista una versión más idealizada del sueño americano que esta balada: el amor eterno encarnado en una visión sublimada de real estate: "Someday we’ll build a home on a hilltop high, you and I, shiny and new, a cottage that two can fill”. El tema está incluido en el Great American Song Book, destacándose la versión que Peggy Lee grabó en 1957. La letra podría ser el opening musical de un show de HGTV (Home & Garden Television): "Some day we may be adding a thing or two, a wing or two. We will make changes as any family will. But we will always be called “The folks who live on the hill”.

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