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“No te mereces nada”, bajo el signo de Meursault

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Muchos lectores recordarán la memorable escena de El club de los poetas muertos en que el carismático profesor de literatura, interpretado por Robin Williams, trata de enseñarles a sus nuevos alumnos el tópico literario del carpe diem. “Aprovechen el momento”, les dirá el primer día de clases, mientras les muestra una foto colectiva de una de las primeras promociones del aristocrático colegio en el que se acaba de estrenar como profesor: “Un día ustedes también dejarán de respirar, se pondrán fríos y morirán”. Entonces, mientras los adolescentes contemplan ensimismados la vieja fotografía, el profesor Keating, imitando una voz de ultratumba, como si fueran los rostros del pasado quienes hablan y no él, les susurrará a sus discípulos: “Aprovechen el momento, hagan que sus vidas sean extraordinarias”. La película de Peter Weir es una de las más satisfactorias dentro de un género por el que Hollywood siente predilección: las historias de profesores idealistas y carismáticos que llegan a un colegio con problemas para cambiarle la existencia a sus alumnos. A casi un cuarto de siglo del estreno de la cinta, el joven escritor norteamericano Alexander Maksik debuta como novelista con No te mereces nada (Miscelánea, 2012), una historia que más que influida por la película de Weir, parece una versión existencialista de la misma. El club de los poetas era, por momentos, ridículamente whitmaniana.

Los hechos que cuenta la historia de Maksik transcurren en la International School of France, trasunto del Liceo Americano de París, donde el propio autor ejerció el magisterio por varios años. El protagonista de la novela es un joven y apuesto profesor de literatura, Will Silver, “un transformador de vidas”, como lo describe uno de sus colegas. La mayoría de sus estudiantes son hijos de diplomáticos y ejecutivos de transnacionales norteamericanas radicadas en París; la mayoría, antes de llegar a la Ciudad Luz, ha vivido una existencia errante motivada por los continuos traslados a que son sometidos sus progenitores; y la mayoría encontrará en el señor Silver a un sustituto de esa figura paterna que ha estado casi siempre ausente en sus vidas. A través del análisis irreverente de clásicos como Hamlet, Walden y Mientras agonizo, pero sobre todo, mediante la lectura apasionada de la teoría existencialista de Sartre y la emblemática novela de Camus, El extranjero, el carismático profesor irá conquistando el corazón de unos chicos que jamás sospecharon que hablar de literatura podía ser algo tan cool como escuchar la música de los Fugees. “Todo puede cambiar, pero solo entregándose sin reservas”, les dirá en su primer encuentro, mientras les reparte copias de El existencialismo es un humanismo, la famosa conferencia con que Sartre pretendió acallar a sus críticos afirmando que la suya era “una doctrina de acción”.

Sin embargo, los alumnos del señor Silver comenzarán a descubrir que su adorado profesor no siempre está a la altura de lo que predica; que entre su persona pública y privada se abre un abismo que muchos calificarán como doblez o pura vileza. Y es que la trama de la novela de Maksik tendrá su centro en torno a la secreta y tórrida relación que Silver sostendrá con la bella y frágil Marie, estudiante del colegio y una las principales voces narrativas de la historia. Las otras dos serán las del profesor Silver y su más entusiasta discípulo, Gilad, uno de los primeros estudiantes en percatarse que su mentor no es lo que aparenta. Ese multiperspectivismo, inspirado en las técnicas narrativas utilizadas por Faulkner en Mientras agonizo –el nombre de cada personaje, a manera de título, identifica los capítulos en que éstos dan su versión particular de los hechos– contribuirá al clima de ambigüedad moral que ya se anuncia con la cita de Camus que abre la novela: “No quiero escoger entre el lado correcto y el lado incorrecto de este mundo, y no me gusta que haya que escoger”. Fiel a estos preceptos, el señor Silver responderá con desconcertante indiferencia a la tragedia personal que Marie sufre a consecuencia de la traumática relación. En la conciencia del maestro jamás habrá un asomo de remordimiento.

Más afín a la filosofía del absurdo de Camus que al humanismo existencialista de Sartre, el profesor Silver se nos revelará como la encarnación contemporánea de Meursault, el protagonista de El extranjero. Los paralelismos entre ambos personajes son más que evidentes: ambos son huérfanos, sus amantes comparten el mismo nombre y son capaces de aceptar o cometer un crimen como si se tratara de un hecho trivial. Maksik ha escrito una notable primera novela sobre la alienación humana. Otros lo llamarán cobardía.

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