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"Lugares con genio", de viaje con los clásicos

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Según la mitología de los antiguos pueblos semitas, cuando Dios creó la tierra la pobló con tres clases de seres: los hombres, los ángeles y los genios. Una subclase de esta última raza, cuyo representante más conocido fue el célebre residente de la maravillosa lámpara de Aladino, devino en lo que los clásicos latinos llamaron genius loci –el genio del lugar–, una deidad tutelar que no sólo amparaba a los habitantes de ciertas poblaciones, sino que inspiraba a sus creadores para que estos celebraran su belleza y cantaran sus glorias. Como lo explica Fernando Savater en su libro Lugares con genio: los escritores y sus ciudades (Sudamericana, 2013) –compendio literario de la serie del mismo título que en el 2012 presentó para el canal argentino del cable Todo Noticias–, aunque en la actualidad el término ha perdido su connotación mitológica, éste sigue siendo usado para describir el hechizo que muchas ciudades han ejercido y ejercen sobre novelistas, poetas y otros artistas. De esta forma, el aura mágica que estos creadores llegan a insuflarle a sus lugares de residencia los convierte en los nuevos genios de las urbes modernas, en productores de identidad y fuente inagotable de inspiración para las nuevas generaciones de artistas.

El libro de Savater podría ser clasificado, por lo tanto, como una exquisita guía turística y cultural de los lugares que dieron origen a algunas de las obras más importantes de la literatura universal: la Praga de Frank Kafka, el Buenos Aires de Borges, el Santiago de Chile de Neruda y su refugio poético de Isla Negra, el Londres de Virginia Woolf y los integrantes del grupo Bloomsbury, la Lisboa triste y alegre de Pessoa, la infernal y paradisíaca Florencia de Dante, el País Vasco de Pío Baroja, el México de Octavio Paz, la Edimburgo de Stevenson, el Madrid del Siglo de Oro, el París de los existencialistas, la romántica Bretaña de Chateaubriand y la mágica Dublín de Yeats. En cada una de estas semblanzas Savater combina la biografía con la historia, la urbanística con la crítica literaria, y dialoga con afamados escritores quienes comparten sus experiencias como lectores de los autores antes citados: Vargas Llosa de Dante, Javier Marías de Stevenson y Jorge Edwards de Chateaubriand, entre otros. También incluye entrevistas a catedráticos, editores, libreros y cineastas como el chileno Miguel Littín, quien trabajó junto a Neruda en varios proyectos cinematográficos.

En el exhaustivo itinerario urbano de Savater no podía faltar un recorrido por los cafés donde los autores celebraban sus tertulias, muchos de ellos activos y convertidos en landmarks de sus respectivas ciudades. En su circuito literario-gastronómico hará mención al restaurante Champs Elysées, frecuentado por Octavio Paz en el D.F., donde el autor de El laberinto de la soledad acostumbraba a beber un buen tinto de Borgoña y pedir “salchicha con lentejas”; al bar restaurante Venezia, ubicado en el barrio santiaguino de Bella Vista, donde Neruda prefería “los perniles y el arrollado”; y nos propondrá un paseo imaginario por las cafeterías del barrio Chiado, “el más pessoano de toda la muy pessoana Lisboa”, muy cerca de la Plaza Camoes, donde se levantan estatuas del mayor poeta portugués, Luís de Camões, y del gran novelista Eça de Queiroz.

Entre anécdotas simpáticas extraídas de las biografías de los autores, curiosidades literarias y la revelación de algún que otro secreto de alcoba, en Lugares con genio no dejará de estar presente el juicio mesurado y objetivo, como cuando el autor hace referencia al entusiasmo que algunos escritores latinoamericanos ha sentido por ciertos dictadores –Neruda por Stalin, García Márquez por Castro y Borges por Pinochet–, hecho que suele omitirse con mucha frecuencia en el caso de los dos primeros autores (sólo a Borges su deshonrosa amistad pudo haberle llegado a costar el Premio Nobel). En contraste con esas posturas, Savater destaca a la figura de Octavio Paz, a quien “muchos no le perdonaron que apoyara tempranamente las denuncias de los campos de concentración soviéticos y del estalinismo, así como algo después las pervivencias tropicales de la dictadura comunista”.

Para los jóvenes que comienzan a descubrir la literatura –esos pocos que aún no han sucumbido al vicio de Twitter, Facebook y YouTube– el libro de Savater constituye una valiosa introducción a los clásicos; para los lectores más curtidos, una invitación a redescubrirlos; y para los lectores con más recursos, la irresistible tentación de comprar un pasaje y aterrizar en la Praga de Kafka, en la Lisboa de Pessoa o degustar en el D.F., en honor a Octavio Paz, un poético plato de salchichas con lentejas.


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