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"Jaspora", una novela cubana diferente

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Uno de los rasgos fundamentales de las primeras novelas cubanas escritas en el exilio era su virtual condición de literatura comprometida. En la mejor aceptación del término, claro. Cómo no iban a serlo si casi todas ellas, aunque presentadas en forma de ficción, eran contundentes denuncias políticas que reflejaban las experiencias de la lucha contra el castrismo y el horror vivido en las cárceles de la isla. Después llegaron las que, con argumentos repletos de reminiscencias personales, trataban de rescatar del olvido una Cuba que ya no existía. Esas fueron, por llamarlas de alguna manera, las nostálgicas: más añoranza que militancia.

Pero los años pasaron y la ciudad de Miami comenzó a cambiar. También lo hizo el exilio. Y junto a él, sus escritores. No todos, es cierto. Muchos decidieron permanecer en su zona de confort narrativo. Es decir, en las fronteras del Miami cubano. Otros, sin embargo, se aventuraron a reflejar en sus historias, utilizando expresiones en inglés y spanglish, los distintos rostros del nuevo Miami. Tal como acaba de hacer el escritor Carlos García Pandiello en su novela Jaspora (Aduana Vieja, 2017), cuya trama transcurre no solo en el Miami cubano, sino también en el haitiano y en el afroamericano.

Jaspora, cuyo título fue tomado de una canción de Wyclef Jean que hace referencia a la diáspora haitiana, cuenta la historia de Ramón González, un ex pelotero cubano americano que vive marcado por dos experiencias traumáticas: la muerte de su esposa Alicia y la lesión que le costó su carrera deportiva. Pero no son estos dos hechos los que hacen de Ramón un personaje literario trascendente, sino sus contradicciones como ser humano: está orgulloso de sus raíces cubanas y defiende el derecho de los “balseros” a permanecer en Estados Unidos, pero se lo niega a los haitianos.

Una de las primeras escenas de la novela sienta el tono de la misma: “Ha salido el sol y Ramón conduce su camión por Biscayne Boulevard. Al llegar a la avenida 78 se detiene frente a la luz roja del semáforo. A través de la ventanilla del pasajero ve a unos haitianos enarbolando pancartas alegóricas a su causa. En una de estas se lee: “Cubans are not better than Haitians”. Ramón baja el cristal y les grita: “Leave the Cubans alone, man. Go back to Haiti if you want to be legal”.

Sin embargo, un día conoce a Ninaj, una mesera haitiana que lo ayuda a reconciliarse consigo mismo, lo hace abandonar sus prejuicios y le devuelve los deseos de vivir. Y es aquí donde verdaderamente comienza la novela. García Pandiello hace avanzar la trama a través de dos voces: una en tercera persona omnisciente y en tiempo real; y otra en primera persona en la que Ninaj cuenta los mismos hechos pero desde una perspectiva diferente. Esta técnica narrativa, conocida como el ‘efecto Rashomon’, le proporciona al texto diferentes lecturas y le añade un inesperado tono de suspenso. Y es que Jaspora, además de ser una historia contemporánea de fuerte contenido social y humano que trata sobre el dolor, la desesperanza y la redención espiritual, es también una historia en la que hay un peligroso triangulo amoroso, viejas cuentas sin saldar y estallidos de violencia.

Como hay pocos flashbacks, la trama avanza –entre coladas de café cubano y botánicas haitianas– de una manera lineal. Su estructura es casi cinematográfica y sus diálogos, tanto en inglés como en español, son ingeniosos, certeros y creíbles. Es evidente que al autor lo que le interesa es contar una historia. Y lo hace de la manera más directa posible; sin rebuscamientos verbales, pero con una prosa ágil y repleta de guiños literarios, musicales y deportivos. El final, impredecible, llega acompañado de un coro de música góspel y un poderoso sermón evangélico: “¡Esta es la vida de Jesús! ¿Están listos para vivirla?”. Una estupenda novela; no sé cómo decirlo en creole.


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