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“El silencio del héroe”, o la ternura de los pesos pesados

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Pareciera que en el deporte no hay lugar para la ternura: muchos nombres de equipos están inspirados en las especies más fieras del reino animal –Tigres (de Detroit); Pumas (de la UNAM); Osos (de Chicago)–, cuando dos clubes se enfrentan se produce “un choque de escuadras” o “un duelo a muerte”, mientras que en las gradas los fanáticos, al ritmo de los acordes tenebrosos de Hell’s bells, el himno “maldito” de la banda de rock AC/DC, se pintan los rostros como si fueran guerreros sioux. Pareciera que es cierto que en el deporte no hay lugar para la ternura, para la poesía, pero entonces Gay Talese va y publica El silencio del héroe (Alfaguara, 2013), una recopilación de sus mejores crónicas deportivas –Talese es considerado junto a Tom Wolfe uno de los pioneros del Nuevo Periodismo norteamericano– y todas la ideas preconcebidas que teníamos sobre el mundo del deporte se nos vienen abajo.

En el libro se incluyen crónicas escritas en un período de más de sesenta años, desde los modestos inicios del autor como reportero en el Ocean City Sentinel-Ledger, el periódico de su ciudad natal en New Jersey, hasta su etapa consagratoria en el New York Times Magazine y Esquire. Fue precisamente en esta última revista donde se publicó originalmente la crónica que le da título al libro, en 1966, y el héroe silencioso al que hace referencia no es otro que el legendario jardinero central de los Yankees de Nueva York, Joe DiMaggio. Pero el escrito de Talese no se centra en el ídolo neoyorquino que en 1941 rompió el record de juegos consecutivos conectando hits –56 en total–, o en el héroe norteamericano que en 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, interrumpió su carrera deportiva y prestó servicio militar por tres años. El DiMaggio de Talese es un ser humano taciturno e introvertido, quien después que se retira, vive enfermo de “nostalgia por la mujer a la que había idealizado y perdido”, la bella Marilyn Monroe, quien siempre tuvo flores frescas en su tumba gracias al “Yankee Clipper”.

Casi todos los artículos recopilados en El silencio del héroe son representativos del estilo que definió al Nuevo Periodismo –rechazo de la fórmula de las cinco preguntas (quién-cómo-cuándo-dónde-por qué) y uso de técnicas narrativas propias de la literatura de ficción: escena, personajes, diálogo, etc. Sin embargo, y para regocijo de los lectores, a veces a Talese se le va mano en el aspecto literario de sus crónicas, haciendo que sus héroes deportivos se expresen por momentos como si fueran poetas, filósofos o místicos. Tal es el caso del boxeador Floyd Patterson, campeón de los pesos pesados durante la década de los cincuenta y sesenta. “Cuando te han noqueado sientes afecto hacia todos los que están en el estadio”, así describirá Patterson la experiencia de ser derribado en un cuadrilátero. “Sientes amor hacia todo el mundo. Y quieres ir a besar a todo el mundo (hombres y mujeres)”.

Entre las mejores crónicas de Talese se incluye la dedicada a George Bannon, el cronometrador oficial del Madison Square Garden por más de cincuenta años, quien “nunca ha fallado ni un segundo a lo largo de medio siglo”; la titulada Un chut fallado, en la que especula y se obsesiona con la pesadilla que debió sufrir una jugadora china de fútbol tras fallar un importante penalti en el Mundial Femenino de 1999; y la original El arquitecto de los campos de golf, sobre Robert Trent Jones, la autoridad más grande en su oficio durante la década de los cincuenta.

Leyendo a Talese recordé la excelente crónica del novelista puertorriqueño Edgardo Rodríguez Juliá, Peloteros, donde el autor relataba los días que pasó en el dugout del llamado “dream team” del béisbol boricua, los Senadores de San Juan del año 1995, cuando conquistaron la Serie del Caribe. Sin pretensiones sociológicas, a través de las semblanzas de los integrantes del equipo, Rodríguez Juliá lograba construir un formidable microcosmos de la sociedad puertorriqueña, de su identidad y su compleja relación con los Estados Unidos. De igual manera, la intrahistoria deportiva narrada por Talese, con sus tiernos pesos pesados y sus peloteros nostálgicos, indaga y revela muchos aspectos de la sociedad norteamericana: su soledad, la obsesión con la fama, el miedo al fracaso y sobre una época remota en que los sluggers, como caballeros románticos, custodiaban la memoria de su amada con flores frescas.

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