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Canciones bonsái: Mark Knopfler y la literatura.

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Comenzó como periodista y terminó siendo una estrella de rock: Money for nothing and chicks for free! Nunca abandonó su vocación literaria y hoy en día es uno de los mejores letristas del género. Nadie como Mark Knopfler para conciliar la sencillez de una balada con la ambición inconmensurable de una novela o una biografía (él las llama canciones bonsái). Pienso en Sailing to Philadelphia, tema que le da título a su segundo álbum en solitario. La canción (featuring James Taylor) es una recreación musical de Mason & Dixon, la extravagante novela del no menos excéntrico Thomas Pynchon. Mason (astrónomo) y Dixon (agrimensor) fueron los profesionales británicos encargados de trazar la línea de demarcación que desde 1767 divide a Pensilvania y Maryland, el norte y el sur de los Estados Unidos. Con la presentación en primera persona de los protagonistas de la historia, la canción tiene un comienzo muy literario: Knopfler le presta su voz al topógrafo, quien además de bebedor y mujeriego, simpatiza con la causa de la independencia americana; Taylor “interpreta” a Mason, un inglés apocado que “nació para cartografiar el cielo nocturno” y que contra todo pronóstico (era hijo de panadero) llegó a ser miembro de la Royal Society. También está el punto de vista de un personaje imprescindible: la Stratocaster del exlíder de Dire Straits. Knopfler nos regala un solo épico que por sí solo justifica la hazaña topográfica de los ingleses. Aunque Sailing es una canción marinera, esta tiene todas las características de una típica country road song con unos de esos train beats que son tan americanos como las hamburguesas y el béisbol. En el clímax de la melodía Dixon divisa el estuario del río Delaware y su imponente bahía. “Mantén la cabeza bien alta, Mason”, le dice el topógrafo a su amigo: “América se extiende ahí”. Después continúan unos versos que parecen escritos por el mismísimo Whitman: “La marea de la mañana ha sacado a flote los Cabos de Delaware. Levántate y siente el sol: empieza un nuevo amanecer”.

Pero es en Tracker (2015), su octavo disco en solitario, donde el Knopfler más literario alcanza su apoteosis. Que el álbum cuente con una introducción de Richard Ford, para muchos el más importante novelista norteamericano vivo, da una idea de su relevancia. Dice Ford que algunas canciones de Tracker no son muy diferentes a los relatos que tanto arraigo tienen en la tradición literaria de Estados Unidos. También tienen mucho de crónica y de escritura memorialística. En Basil, por ejemplo, Knopfler evoca su experiencia en el Newcastle Evening Chronicle, el periodico inglés donde trabajó como recadero para un excéntrico editor de mesa. Su nombre era Basil Bunting y es el autor de uno de los poemas modernistas más importantes del siglo XX, Briggflatts (1966). Como si se tratara de the most interesting man in the world, el célebre protagonista de los comerciales de la cerveza Dos Equis, la vida de Basil estuvo plagada de aventuras y excentricidades: poeta de estirpe renacentista, amigo de Ezra Pound y estudioso de la literatura medieval persa, fue comandante de un escuadrón de la Real Fuerza Aérea británica, corresponsal del Times en Teherán, espía, albañil, crítico musical y convicto. En Irán estuvo a punto de ser linchado por una turba –sus labores de inteligencia fueron descubiertas– y en Santa Cruz de Tenerife disputó una partida de ajedrez con Franco cuyo resultado nunca quiso revelar. Cuando Knopfler lo conoció al poeta todavía no le había llegado el reconocimiento tardío por parte de los beatniks y Cyrill Connolly, el ilustre decano de los críticos ingleses. En su canción el músico lo describe como un anciano cascarrabias, hastiado de la rutina del periódico y de sus colegas, fumando uno tras otro cigarrillos Colins & Bob. Knopfler compara su promisorio futuro como estrella de rock con la indiferencia y el olvido al que están condenados los poetas. “Entierra toda alegría”, dice Basil a través del cantante. “Guarda los poemas en sacos y que me sepulten con los gacetilleros”. El Newcastle Evening Chronicle es la tumba del poeta, su cárcel, agonía que Knopfler transmite en unos versos conmovedores: “Lo que no daría hoy por marcharse; tener tiempo para pensar en el tiempo y el inútil amor juvenil”.

Del mismo disco es Beryl, tema con el que Knopfler quiso desagraviar a la novelista británica Beryl Bainbridge, quien aunque fue nominada cinco veces al Booker Prize, solo lo recibió póstumamente a través de una categoría creada en su honor: The Man Booker Best of Beryl. La letra de la canción, un suave reproche (la voz de Knopfler no conoce la ira), le ajusta cuentas a los jurados que a lo largo de los años la condenaron a ser la eterna dama de honor en la ceremonia de entrega de los premios. Bainbridge publicó dieciocho novelas, cuyos temas (la muerte, la desolación y la crueldad humana) tuvieron su origen cuando a los once años vio un documental sobre las atrocidades de los nazis en Bergen Belsen. Se convirtió al catolicismo para fastidiar su padre, por la misma época en que comenzó a planear su asesinato (crimen que no consumó). Tuvo fama de excéntrica: fue alcohólica, llevó una vida promiscua y sobrevivió a un intento de suicidio cuando sus hijos eran pequeños. Encontró la salvación en la literatura y fue nombrada Dama del Imperio Británico por decreto real de Su Majestad Isabel II.

Beryl (Mark Knopfler)

Beryl estaba a otro nivel cuando consiguió la medalla del Booker: estaba muerta en su tumba. Después que dio tanto, después que dio tanto.

Beryl, cuántas veces la pasaron por alto… Cuando le dieron el Booker estaba muerta en su tumba. Después que dio tanto, después que dio tanto.

Es demasiado tarde ahora, es demasiado tarde ahora, es demasiado tarde, ustedes, improvisados... es demasiado tarde, ustedes, improvisados.

Beryl, el cigarro se la llevó… Cuando le dieron el Booker estaba muerta en su tumba. Después que dio tanto, después que dio tanto.


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