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2. Cómo llegué al jazz (yo que un día fui rockero): Steely Dan

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El origen de Steely Dan se remonta a un clasificado que apareció en The Village Voice, allá por 1969: “Se busca bajista eléctrico y tecladista. Deben tener habilidades de jazz y R&B. Abstenerse idiotas”. Lo había publicado Denny Dias, un guitarrista que buscaba renovar el sonido de su banda de rock. Donald Fagen y Walter Becker acudieron al llamado, pero sus habilidades superaron las expectativas. Lo que vio Dias en esos músicos tuvo que ser apabullante, pues despidió al resto de su banda y dejó que Fagen y Becker asumieran el liderazgo de lo que a partir de entonces se llamó Steely Dan. Tres años después salió su primer disco, Can’t Buy a Thrill, encabezado por el tema del que hablo a continuación.

Do It Again está tan enraizada en los recuerdos de mi infancia como los programas matutinos de la VOA (Voice of America) o los soldaditos de la Real Policía Montada del Canadá que mi hermano y yo heredamos de nuestro padre. Cada vez que escucho el tema, me parece que estoy parado frente al viejo radio Philips de mi casa en Cuba. Jamás he logrado separar el ritmo hipnótico de la introducción, marcado por la tumbadora y el güiro de Victor Feldman, del diseño del dial: circular, rojo y con los nombres de ciudades inscritos junto a las marcas de las frecuencias.

El radio estaba colocado sobre el chiforrober de nuestro cuarto —chiforrober, ¿cubanismo en desuso?—, por lo que Do It Again, canción de corte existencialista, adquiere en mi memoria una extraña dimensión hogareña. Lo del extrañamiento también estaba dado por el sonido del sitar eléctrico de Denny Dias, el elemento más distintivo de la canción. Escuchar esos acordes a los doce años es como leer a Camus o Vonnegut a la misma edad (sobre la relación de Steely Dan con la ficción y la cultura pop existe un libro cuyo título es toda una creación: Quantum Criminals: Ramblers, Wild Gamblers, and Other Sole Survivors from Songs of Steely Dan).

En 1974, la banda abandonó las presentaciones en vivo para convertirse en un proyecto de estudio, aunque regresaron a los escenarios en 1993. Su sonido jazz-rock continuó perfeccionándose con los años, dejándonos joyas como Rikki Don’t Lose That Number (Pretzel Logic, 1974), donde le rindieron homenaje a Horace Silver, y Aja (Aja, 1977), que contó con la legendaria colaboración de Wayne Shorter (solo de saxofón) y Steve Gadd (batería). Por cierto, en el tema Doctor Wu (Katy Lied, 1975), se menciona a unos “caballeros cubanos que duermen todo el día en la Bahía de Biscayne”. Me gustaría creer que uno de ellos tenía un viejo radio Philips al lado.

to be continued... 

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