1. Cómo llegué al jazz (yo que un día fui rockero): George Benson.
Siempre quise entender el jazz, pero más de cuatro décadas escuchando pop-rock —con sus estructuras simples, sus acordes pegadizos y sus estribillos interminables— llegaron a crear un extrañamiento entre ese género musical y yo. Crecí en la Cuba de los ochenta, donde la mística del rock, con su carga de rebeldía e inconformismo, configuraba la identidad de muchos jóvenes. Ser rockero, o escuchar “música americana”, era la forma más safe de declararse anticastrista.
Los años ochenta, con el advenimiento del smooth jazz, tampoco fueron los mejores para el género, que en términos de popularidad había sufrido su primera crisis con el fin de la era del swing y el advenimiento del bebop. Esta última modalidad, aunque de una excelencia y sofisticación extraordinarias, sacó a las orquestas del Cotton Club y las desterró a los sótanos del Village.
Con la aparición del bebop, el género derivó hacia un elitismo que generó su propia mística, pero también un rosario de prejuicios y recelos que lo acompañan hasta nuestros días: el jazz es música para viejos, incomprensible y tediosa; el jazz es música para iniciados, demasiado intelectual y esnob; las interpretaciones jazzísticas parecen no terminar nunca y los vocalistas brillan por su ausencia (esto a pesar de Ella Fitzgerald, Sarah Vaughan y Billie Holliday).
Conclusión: para alguien nacido en la era del rock, el camino hacia Monk y Mingus ha estado siempre repleto de obstáculos. En esta serie escribo sobre varios temas musicales que, a través de los años, fueron despertando mi curiosidad por el género. Son piezas que escuché en Cuba, desde finales de los setenta hasta 1993, año de mi salida del país. Casi todas son composiciones concebidas en el ámbito del pop y el rock. La influencia jazzística es evidente en muchas de ellas; en otras solo se trata de una reminiscencia o atisbo.
Esta cronología musical está dictada por la azarosas circunstancias en que se consumía la música en Cuba: desde el disco de Earth, Wind & Fire que un marino mercante te cambiaba por dos botellas de ron, hasta las condiciones climáticas que permitían que la FM de la Florida se escucharan con claridad en tu pueblito; desde los casetes que tu abuela te traía de sus viajes a Los Ángeles (no siempre regresaba con lo que le habías pedido), hasta el criterio musical de los programadores de la radio nacional, donde en algunos shows eran presencia fija George Benson y Steely Dan.
También debo decir que esta es la memoria sonora de alguien que vivía lejos de la capital, donde el movimiento jazzístico comenzó a abrirse paso en 1979 con aquellos conciertos que Bobby Carcassés organizaba en la Casa de la Cultura de Plaza, devenidos en el Festival Internacional Jazz Plaza de La Habana. Hay que decir que ese festival, como todo en la isla, ha sido utilizado hábilmente por el aparato de propaganda del castrismo. Por ahí anda una foto de Castro entre unos sonrientes Dizzy Gillespie y Arturo Sandoval. Y es que esa gente tampoco ayudaba.
On Broadway (George Benson): En la Cuba de los ochenta había dos programas de radio que escuchaba regularmente: A las 20 horas (8 P. M.), creo que en Radio Liberación, y Nocturno (9 P. M.), en Radio Progreso. Los escuchaba porque ponían bastante música americana —¿lograban burlar la censura o se hacían los de la vista gorda? Lo cierto es que sus programadores debían tener muy buen gusto, porque en los rundowns de aquellos shows no podía faltar el tema que encabeza este comentario: On Broadway, la versión en vivo de George Benson grabada en el Roxy Theatre de West Hollywood, en 1978. Con sus riffs sincopados y su célebre scat, el groove del bajo de Stanley Banks y el inconfundible Fender Rhodes de Jorge Dalto —el músico argentino venía de tocar el piano eléctrico en Afro-Cuban Jazz Moods, un álbum de Gillespie y Machito—, más que un cover, Benson reinventó el tema que The Drifters habían popularizado en la década anterior. Breezin, del álbum del mismo nombre (1976), fue otra pieza jazzeada de Benson que se escuchó en la Cuba de finales de los 70 y principios de los 80. Como ocurría con muchos fragmentos de jazz fusión y el smooth jazz, el tema era utilizado como “cortina musical” en varios programas de la radio cubana de entonces.
Al cabo de tantos años, muy pocas veces he vuelto a escuchar himnos rockeros de mi adolescencia como Smoke on the Water y Another Brick in the Wall, pero siempre regreso al Broadway de Benson con la misma fascinación de mis doce años.
continuará...